El desierto de Marruecos es un terreno extremadamente árido y despoblado, tórrido en verano pero gélido en las noches invernales. Y su tamaño resulta realmente inmenso e inabarcable. Quizás por ello, hay algunas cosas que un viajero no se esperaría encontrar aquí… pero ocurren. En este post te mostramos algunas curiosidades que a buen seguro te gustará conocer, sobre todo si deseas adentrarte en él durante tu circuito por el país.
Dinosaurios
Aunque en la actualidad el desierto de Marruecos es extremadamente árido, no lo fue así en el pasado más lejano. De hecho, hubo un tiempo (hace 50 millones de años) en el que todo el Sahara estaba sumergido bajo el agua, como demuestran los fósiles de ballenas en Egipto. Y antes de ello, era un auténtico vergel por donde pastaban los dinosaurios hace unos 100 millones de años, como los abelisaurios, atestiguados en Erfoud, una ciudad famosa por sus fósiles.
Rosa de Jericó
Por lo general, la vegetación en el desierto de Marruecos es escasa y se concentra en los pocos oasis que se reparten por el terreno. Pero fuera de esos oasis es posible encontrar una planta muy singular y característica: la rosa de Jericó. Con este nombre se conoce a la planta Anastatica hierochuntica que, cuando te topas con ella, puede parecer seca y muerta. Pero en realidad, sólo está esperando a renacer: es una planta rodadora capaz de contraerse por la sequedad del ambiente, y permanecer así durante años. Y cuando entra en contacto con la humedad, por ejemplo gracias a unas simples gotas de lluvia, se abre de nuevo y adquiere un renovado verdor. De ahí su nombre, pues anastasis en griego significa ‘resurrección’.
Arte contemporáneo
El desierto de Marruecos ha sido muy poco modificado por el hombre, salvo en determinadas localidades con escasa población. Quizás por ello sorprende aún más la Escalera Celeste o Himmelstreppe, un edificio-escultura de carácter contemporáneo que proyectó el artista alemán Hannsjörg Voth: se trata de una construcción de silueta triangular con 56 peldaños en la meseta de Marha, entre Goulmima y Erfoud, que eleva al visitante sobre la línea del horizonte unos 16 metros, favoreciendo no sólo la contemplación del entorno desde lo alto, sino también una mejor visión del cielo. Data de los años 80 y causa impresión por su regular forma triangular-piramidal que invita a la reflexión mística y celestial.
Señales para atravesar el Sahara
Siglos atrás, el desierto del Sahara era atravesado por rutas de caravanas que conectaban un extremo con otro: al norte, lo que hoy es Marruecos, y al sur, lo que hoy son los países subsaharianos, como Mali. Y la travesía era muy, muy larga. Si te preguntas cuánto se podía tardar a pie desde un extremo al otro, encontrarás una respuesta en Zagora, localidad situada en pleno desierto y relativamente cerca de las dunas de Erg Chigaga. Aquí, un letrero informa de la distancia que hay hasta Tombuctú, en Mali: 52 días. Eso era lo que tardaban los comerciantes que, junto con sus dromedarios, cruzaban el desierto para intercambiar sal por oro, entre otros trueques.
Atletas que sustituyen a los 4×4
El desierto de Marruecos fue escenario habitual del Rally París-Dakar años atrás, pero por diferentes razones (entre ellas, la amenaza terrorista en otros países de la competición) ya no se celebra aquí. En cambio, sí alberga otras competiciones, como las ultra maratones, cada vez más en boga por los atletas extremos. La más famosa es la Marathon des Sables (Maratón de las Arenas), que recorre la friolera de 250 km, repartidos en 7 etapas, pasando cada noche ‘al raso’, en un campamento de tiendas desmontables, como los nómadas del desierto. Pese a las duras condiciones de la prueba, cerca de 1.000 participantes se dan cita cada año desde su primera edición, en 1986.