Los jardines andalusíes de Marruecos son siempre especiales. Los más importantes están quizás en la capital, Rabat, pero la refinada influencia hispanomusulmana del pasado hizo estos espacios verdes fueran una inspiración en muchos puntos del país. En este post te damos algunas claves para que sepas valorar y admirar estos remansos de paz.
Orígenes de los jardines andalusíes
Para comprender las claves de los jardines andalusíes de Marruecos es importante saber que hunden sus raíces en los jardines persas y en los romanos. De los primeros tomaron su fuerte valor simbólico y místico, y de los segundos el orden arquitectónico y ‘urbanístico’ de estos espacios, con especial esmero en el pavimento y áreas de paseo.
Si bien los grandes protagonistas de los jardines andalusíes son, lógicamente, las especies vegetales plantadas, estos jardines son una oda a los dos elementos que les dan vida. Por un lado, el agua, y por otro, la luz. La primera, en forma de fuentes y acequias, y la segunda por el mejor aprovechamiento de la misma, amplificado por efectos luminosos en el agua o incluso en la decoración, con cerámica vidriada.
Forma y elementos de un jardín andalusí
Aunque cada jardín es diferente y se adapta al lugar en el que se enclava, se puede decir que prefieren una forma cuadrada o rectangular, a menudo cerrados por muros dentro de un patio o, al menos, en un espacio de perímetro claramente delimitado.
El jardín andalusí suele tener un epicentro en forma de fuente o pabellón, y desde ahí surgen cuatro brazos en forma de canales o acequias, que facilitan la perspectiva del paseante y dividen el espacio en cuatro cuadrados simétricos. Diferentes especies vegetales amplifican estas perspectivas, como cipreses.
En dichos cuadrados simétricos se insertan estanques o albercas, así como los parterres propiamente dichos, con diferente tipo de vegetación. Unos parterres que están ligeramente rehundidos para facilitar su contemplación desde los ejes principales y para facilitar la llegada de agua por medio de canales de riego. Además, para hacer más agradable la experiencia, se ubican bancos con cerámica o galerías porticadas, que dan un punto de sombra cuando así sea necesario.
Las diferentes vertientes, según las especies vegetales
En este ambiente tan armónico, se plantan especies vegetales de lo más variado, que otorgan un carácter definitorio a cada jardín o a cada área del jardín. Por ejemplo, una concepción primordial del jardín andalusí es la mística: simbolizan el Jardín del Edén, en el que había una fuente central que derivaba en cuatro ríos, simbolizados por los cuatro canales mencionados. El placer sensorial, que incluye el agradable sonido del agua, facilita la contemplación y la comunicación con Dios.
Otro importante valor es el hortícola: la fertilidad de las plantas es al mismo tiempo un don divino, y recoger sus frutos es toda una gracia de Dios. Por ello, abundan árboles frutales como limoneros, naranjos o granados, pero también otros árboles productivos como olivos y almendros. Además, la belleza y colorido de su floración están en sintonía. Y lo mismo ocurre con la vegetación arbustiva, siendo habituales los arrayanes (o mirtos) o la lavanda, entre otras muchas.
Todo ello incitaba la función poética de los jardines, siento fuente de inspiración para grandes escritores, que empleaban muy a menudo las metáforas florales y vegetales, pues muchas especies eran puramente ornamentales: trepadoras como jazmines, plantas acuáticas como nenúfares o flores como azucenas, lirios y violetas. De un carácter más general, no se puede olvidar la función científica que se atribuía a los jardines andalusíes, donde se plantaban especies medicinales, algo que conocemos por los numerosos tratados escritos al respecto.