Qué es una madrasa en Marruecos

En tu próximo viaje a Marruecos, es muy probable que pases delante de kasbahs, mezquitas y otras construcciones típicas marroquíes. Y en eso entran también las madrasas. Puede, incluso, que visites alguna de ellas, especialmente si tiene un interés histórico y/o artístico. Pero, ¿sabés qué es una madrasa en Marruecos? En este post te lo explicamos y te indicamos cuáles son las mejores para visitar.

Qué es una madrasa

Las madrasas, también llamadas madrazas o medersas, son escuelas musulmanas de educación superior. Es decir, instituciones de enseñanza de prestigio, donde sus alumnos estudian y aprenden lecciones muy diversas, pero siempre desde una óptica islámica, por ejemplo, jurisprudencia, filosofía e incluso astronomía. Pero también, el propio Corán. Es por ello que muchos de los estudiantes que las frecuentan son futuros imanes.

Además, las madrasas suelen ser al mismo tiempo residencias para los propios alumnos, en algunos casos con centenares de matriculados. Por ello, en estos recintos suele haber espacios privados y comunitarios, como dormitorios compartidos, baños y comedores.

Las madrasas que siguen en activo sólo permiten el acceso de personas musulmanas, pero por suerte para los viajeros que no profesan el Islam sí es posible visitar madrasas históricas que ya no funcionan como tal y que han sido reconvertidas en museos.

Suelen tener en común la existencia de un patio central con estructura y elementos de madera, y con paredes ricamente decoradas de azulejos, o bien con relieves de yeso. En torno a este suele haber una galería cuyos techos y columnas pueden ser de madera o de otros materiales ligeros, con bóvedas y cúpulas típicas de la arquitectura musulmana y andalusí, como los mocárabes. La decoración caligráfica es otro elemento habitual en este tipo de espacios.

Las mejores madrasas de Marruecos

Son muchas las madrasas de Marruecos, pero no tantas las que se pueden visitar. Sin embargo, algunas de ellas tienen tal interés histórico y artístico que se han convertido en auténticos atractivos turísticos para sus visitantes. Y así ocurre, sobre todo, en las ciudades imperiales, donde este tipo de instituciones alcanzaron un gran éxito siglos atrás.

Fez es una de las ciudades que destaca por la riqueza e historia de sus madrasas, pues esta ciudad está considerada la capital cultural y religiosa del país. Se puede citar la de Bou Inania, que además de cerámica y yeso emplea otros materiales de mayor riqueza en su estructura, como el ónix o las láminas de bronce. Su construcción se remonta al siglo XIV.

Sin salir de Fez y del mismo siglo es la madrasa Attarine. De hecho, comparte características estilísticas con la anterior, con techumbres de madera de cedro, que es un árbol numeroso y muy simbólico en esta región.

Más antigua es, si cabe, la madrasa Es Seffarin de Fez, pues sus orígenes se remontan al siglo XIII. Entre sus grandes reclamos está la terraza, desde cuyo mirador se puede divisar buena parte de la medina, y también la biblioteca, que da cuenta de la importancia que se daba a los libros en tiempos de los meriníes.

No muy lejos de Fez, en Meknes, también hay una madrasa llamada de Bou Inania, que igualmente se remonta al siglo XIV y deslumbra por la finura de sus relieves en el estuco y la madera de cedro. 

Y ya en Marrakech, la madrasa de Ben Youssef se considera uno de los grandes monumentos históricos de la ciudad: aunque su fundación también se retrotrae a la época meriní, fueron los saadíes en el siglo XVI quienes la refundaron y la reconstruyeron, aportando un exquisito refinamiento a cada rincón, desde el pavimento a las techumbres. Ahora, esta madrasa alberga el Museo Si Said, lo que resulta otro motivo añadido para visitarla, pues se exhibe una rica colección de piezas artesanales e históricas, como instrumentos musicales y armas.

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