Tafarnout, el pan bereber (o amazigh) de Marruecos

Tafarnout es el nombre del pan bereber (o pan amazigh, si tomamos la denominación que este pueblo tiene de sí mismo, en su propia lengua). Pero aunque se asocia a una región específica, como veremos, en realidad es un pan muy popular en todo el país, pues se utiliza para comer uno de los platos más típicos para los marroquíes. Si quieres descubrir todos sus secretos antes de probarlo durante tu viaje, echa un vistazo a este artículo. 

De dónde es el tafarnout

El tafarnout es el pan típico bereber, y se considera típico de una región donde este pueblo tiene una presencia especial: la del río Suss-Massa, es decir, al sur del país, donde se ubican importantes ciudades turísticas como Agadir o Taroudant. Por tanto, si viajas hasta alguna de ellas, te será muy fácil encontrar este pan en las tiendas y en los restaurantes. Y es que se trata de más que un alimento: es una seña de identidad, que simboliza la humildad y la sencillez. En cualquier caso, este pan, por esas mismas razones y por una meramente práctica, se extendió a todo el país para ser el acompañamiento perfecto del tajín, como veremos. 

Cómo es y cómo se elabora

El tafarnout es un pan fácil de reconocer: por lo general, tiene un aspecto plano, redondo y simple, sin ningún tipo de refinamiento. Y es que, además de emplear harina de trigo y otros ingredientes clásicos, como un poco de sal, aceite y levadura seca, lo que realmente le da carácter es la sémola empleada en la elaboración: y no cualquier cantidad, sino un 50% de la masa, es decir, en la misma cantidad que la harina. Por tanto, es un pan menos delicado pero realmente auténtico, pues nos habla de la vocación del pueblo bereber de aprovechar al máximo sus recursos (la sémola es la harina más gruesa).

Otro rasgo distintivo del tafarnout es que se elabora en horno de barro, con base de piedras. Se introduce plano y para evitar que se deforme, se ponen piedras por todo el perímetro. Además, la temperatura del horno es realmente elevada, con llama incluso, lo que propicia un horneado muy rápido con el que se consigue su característico resultado final: ligeramente crujiente (y con manchas oscuras), mientras que su interior es más blando.

Tafarnout, compañero del tajín

Más allá de su sabor y textura, lo que hace famoso al tafarnout es que resulta el pan ideal para comer el tajín. Recordemos que tradicionalmente el pueblo bereber no utilizaba cubiertos, como tampoco lo hacía el pueblo árabe. En algunos casos, se empleaban directamente los dedos para llevarse la comida a la boca, como ocurría por ejemplo con el meshwi (cordero asado del que se extraía la carne directamente de la pieza). 

Pero en otros casos, como en el del tajín, el mejor aliado para llevarse la comida a la boca es el pan tafarnout: lo suficientemente firme y sólido como para introducir un trozo del pan en el recipiente, ‘cortar’ algún ingrediente blando como por ejemplo un huevo y también utilizarlo a modo de cuchara… Una cuchara comestible que, al mojarse en el jugo del tajín, se reblandece lo justo como para masticarse cómodamente. Y lo mismo puede valer para cualquier otro plato, incluido el cuscús.

De esta manera, y con otros platos, el tafarnout es símbolo de comida comunitaria y compartida, pues es habitual poner la olla del alimento cocinado en el centro de la mesa y que cada comensal, con su pan, vaya comiendo según su ritmo y hambre. E incluso ofrecer uno de estos panes a un invitado, al llegar, es una señal de bienvenida y de invitación a comer juntos.

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