Ante la pregunta de si merece la pena visitar Salé, sólo queda una respuesta: depende. Y es que se trata de algo muy subjetivo: para algunos, sus atractivos serán insuficientes, pero para otros serán lo bastante interesantes como para salir algunas horas de Rabat y visitar lo principal de esta ciudad, que se ubica justo enfrente de la capital, al otro lado del río Bouregreg, que hace las veces de frontera. A continuación recogemos algunos de esos atractivos para que lo valores.
Marina Salé, el puerto deportivo
Si en tu viaje a Rabat tienes pensado realizar alguna travesía en embarcación de recreo, entonces no hay duda: visitarás Salé… pues el puerto deportivo de la capital se ubica, precisamente, en la vecina de enfrente. Además, en la Marina Salé hay una interesante oferta de restauración, por lo que si te apetece tomar algo o cenar con vistas al puerto, tu opción pasa igualmente por este lugar, donde amarran los barcos privados más exclusivos.
Muralla y puertas de Salé
La historia de Salé es dilatada y abarca etapas de lo más variopinto, como la República pirata de Salé en el siglo XVII, cuando esta ciudad y Rabat eran gobernados por corsarios locales y extranjeros. Lo cierto es que conserva una medina amurallada, con urbanismo laberíntico medieval, como es habitual en el país. Y en esa muralla se abren algunas puertas de acceso que también tienen siglos de historia, algunas de ellas con acabado realmente monumental. Se pueden citar, por ejemplo, Bab Lamrissa, edificada en el siglo XIII tras el asalto de las tropas castellanas de Alfonso X el Sabio, Bab Lakhmiss, flanqueada aún por cañones de artillería, o Bab dar Sanaa, la más elegante.
Gran Mezquita de Salé, joya almohade
La Gran Mezquita de Salé se edificó en diferentes periodos, iniciándose en el siglo XI bajo la dinastía almorávides. Pero sin duda destaca por encima de todo su minarete almohade, construido en el siglo XII. Es por eso que guarda un parecido muy razonable con la cercana Torre Hassan de Rabat e incluso con la Giralda de Sevilla, pues todos ellos se encuadran en el mismo periodo histórico y el mismo estilo arquitectónico, donde predomina el uso de la sebka o red de decoración geométrica que cubre los cuatro lados de la torre con formas romboidales, arcos lobulados ciegos, etc. Sólo es visitable para musulmanes.
Madrasa meriní con profusión de zellige
Algo posterior, del siglo XIV, es la cercana Madrasa Meriní, llamada así por haberse construido en tiempos de esa dinastía. Su interés radica en la rica decoración de azulejos o zellige en los zócalos de las paredes y el arranque de las columnas de su patio interior, que sí es visitable por todos los públicos. Sus yeserías que recorren toda la pared, su artesonado de madera y sus arcos con mocárabes son auténticas demostraciones del talento de los artistas de aquel entonces. Las balconadas de madera, aunque algo deterioradas, también dan un toque añejo y tradicional al conjunto de este antiguo centro educativo islámico.
Vistas del litoral atlántico
Por último, las vistas del litoral atlántico son otro atractivo por el que quizás te merece la pena visitar Salé. Aunque no tiene una Corniche o paseo marítimo al uso, en su frente marino se ubican algunas construcciones históricas desde donde contemplar el océano y la costa. Por ejemplo, Borj Adoumoue, también llamado en francés Bastion des Larmes, que servía de puesto de vigilancia y primera línea de defensa de la ciudad. Además, desde algunos de estos puntos elevados se puede contemplar el enorme cementerio de la ciudad y la fachada histórica de Rabat al otro lado del río, con su kasbah de los Oudayas.